Mi
nombre es Alejandro Ballesteros y no sé cuál es mi vocación.
Nunca
he sabido a qué quería dedicarme o qué trabajo me haría feliz. Desde que tuve
que escoger modalidad en bachillerato siempre fue un mal trago para mí puesto
que no sabía qué escoger, que asignaturas o que modalidad elegir.
Cuando
comencé mis estudios como psicólogo no lo hice con vocación, ni siquiera
sabiendo si me gustaba o no. Años y años de estudio y preparación sin saber
cuál sería mi fin, donde acabaría trabajando o si me gustaría dedicarme a esa
profesión.
Es
realmente frustrante el no tener vocación. Siempre he creído que las personas
que tienen claro desde pequeños lo que quieren ser lo tienen mucho más fácil,
como el médico que tiene como vocación ayudar a las personas y desde pequeño lo
tiene claro. Estas personas son afortunadas bajo mi punto de vista.
Incluso
cuando acabé la carrera pensé ‘¿y ahora qué?’, no tenía ni idea de lo que
quería ser o a qué quería dedicarme. ¿Sería psicólogo clínico? “No, no me gusta
la idea”, ¿psicólogo forense? “Uff, que miedo”, ¿psicólogo penitenciario? “No voy
a la cárcel ni loco”. Le ponía pegas a cualquier idea, no me acababa de gustar
ninguna cosa.
Me
asustaba pensar que siempre le sacaba ‘peros’ a cualquiera de las posibilidades
de trabajo, ¿y si me he equivocado con la carrera? Han sido muchas veces las
que he pensado que me he equivocado, siempre pensando en mis puntos débiles,
destacando la puñetera vocación.
Fue
entonces cuando me cambió el chip, pensando en mis puntos débiles. Qué ironía, ¿no?
Mi
punto débil es el no tener vocación, pero habrá mucha más gente que tampoco tenga.
¿Y si en vez de centrarme en los puntos débiles me centro en los puntos
fuertes? ¿Y si todas las personas lo hacemos?
Mi
cabeza comenzó a iluminarse, quizá por fin habría descubierto mi verdadera
vocación: ayudar a las personas a ver sus puntos fuertes, sus talentos que
ellos mismos desconocen. Qué locura que mi punto fuerte pudiese ser mi punto
más débil, ¿no?
Fue
entonces cuando me di cuenta que quería ayudar a las personas a encontrar sus
talentos y exprimirlos al máximo, ayudarles a encontrar un puesto de trabajo
que les guste y sea acorde con sus talentos.
Todos
nosotros tenemos puntos débiles y puntos fuertes, hay que tratar de sacar lo
mejor de nosotros, aprovechar nuestros puntos fuertes y sacarles el máximo
partido. Quizá sea cuando nos demos cuenta de nuestra verdadera vocación.
Y recuerda, si no encuentras tu
vocación, ¿Cuáles son tus puntos fuertes?
Comentarios
Publicar un comentario